Maquina del tiempo

¿Recuerdas aquellas tardes cuando no tenías tareas? ¿Cuando ya habías paseado en bici por el vecindario? ¿Cuando ya habían pasado tus comiquitas favoritas? ¿Qué me dices de las tardes en la playa cuando ya te habías tragado toda el agua del mar? ¿Cuándo ya habías hecho un hoyo muy profundo en la arena? ¿Te acuerdas cuando patinabas con tus roller nuevos y te raspabas las rodillas? ¿O cuando salías del médico con lágrimas por alguna inyección? Seguramente te acuerdas.

También debes recordar qué se hacía en esos casos. Siempre la respuesta, la distracción, el consuelo era el mismo… Un helado.

Lo curioso es que vas creciendo y el helado no se va de tu vida ¿verdad? No es como las chupetas con chicle, los algodones de azúcar, los juguitos de cajita, que poco a poco van quedando atrás y cuando vuelves a ellos es como a propósito, como buscando desesperadamente sentir un poco de aquellos días de recreos, verbenas y vacaciones.

Un helado no. El helado no tiene tiempo, es eterno. Y es que un helado cura todo. Una materia raspada (en bachillerato o en la uni), un corazón roto, un domingo aburrido, una operación de cordales, un dolor de cabeza, un día difícil de trabajo. El helado es como un amigo, pero un amigo de los buenos. Jamás te abandona, jamás te deja mal. Celebra tus cumpleaños, tus alegrías, tus amores.

Esa tarde no teníamos nada qué hacer. Ya todas las temporadas de las series que vemos nosotros los 4 fantásticos (esos somos mi hermana, su novio, mi novio y yo) ya se habían terminado, ya habíamos visto todas las películas del Oscar, ya habíamos salido la noche anterior y estábamos recuperándonos de un leve ratón con sopa y Gatorade y estábamos aburridos y como abandonados en un sofá, hasta que a alguien se le ocurrió la brillante idea de hacer una pregunta simple y perfecta “¿salimos a comer helado?”. Qué alegría, qué ánimos, qué bálsamo.

Nos fuimos a Yogurtland, en la Calle Madrid, con Calle Mucuchíes de Las Mercedes. Te preguntarás por qué esa heladería y no otra. La respuesta es muy fácil: porque tú puedes servirte helados de máquina sin ayuda de nadie y luego ponerle por encima cuanta chuchería te provoque.

No es que ese concepto de heladería sea nuevo, tampoco es que no lo conociéramos. Todo lo contrario. Creo que hemos probado TODAS las heladerías de ese estilo, pero Yogurtland es la mejor.

Tienen sabores para todos los gustos: mantequilla de maní, red velvet, vainilla, chocolate holandés y crepuscular, merengada de galleta, mango, coco, yogurt natural. Algunos son sin azúcar, otros sin gluten, otros sin lactosa y son deliciosos todos. Si sientes inseguridad con algún sabor no pasa nada, un muchacho muy simpático te deja probarlos todos, para que te sirvas los que más te gusten.

No sé a ti, pero a mí me fascina la idea de poder servirme mi helado. Es como el mejor de los sueños poder accionar la palanca de la máquina y ver cómo el rizo cremoso va haciendo un suspiro dentro de la tina.

helado-1

Luego de pasar la larga pared de sabores, vienen los mesones de toppings. ¡Uff! Hay de todo: gomitas, frutas, galletas, maní, nueces, leche condensada, capita de chocolate, pepitas de colores, para que quede delicioso.

helado-3  helado-2

Una vez que tu helado esté listo. Cuando ya no puedes de la emoción, llegas a la caja para que te lo pesen y te digan cuánto. Voy a ser honesta, no son muy solidarios (o bueno eso dependerá de qué tan poderoso te lo sirvas), pero vale la pena.

helado-4helado-4

Mira estas bellezas:

helado-6

¿No son hermosos?

Lo horrible es que pareciera que se evaporara.

helado-7

Pero lo bueno es que cuando se termina, puedes hacer algo indebido, incorrecto. Puedes pararte de la mesa, agarrar otra tina y volverte a servir, aunque sea un poquito.

helado-8

De pronto el ratón y el aburrimiento se habían ido. De pronto esa sensación de merienda, de despreocupación, de niñez había vuelto. Así de fácil. Como si nos hubiéramos subido a una máquina del tiempo. No había nostalgia, ni tristeza por el pasado. Solo había frío y carcajadas… Como cuatro niños.

            ¡Ah Caracas, qué grande eres! ¡Gracias!

Esta entrada esta marcada en Caracas.
@paularussap