Mamá de dos

Convertirnos en madre por primera vez es un gran cambio, sin duda alguna. Pero pasar de ser la mamá de un niño pequeño a la mamá de un niño y un bebé es una historia completamente diferente. Es hermoso y fascinante, como la primera vez (y aún más) pero tiene un reto adicional evidente: todo ese “caos delicioso” que viviste con tu primer bebé (las noches sin dormir, las trabas para amamantar, el encierro, los cólicos, etcétera) lo vas a revivir pero esta vez acompañada de otra personita que también reclama (y necesita) tu atención.

Aunque cada madre es diferente y tengo amigas quienes, inexplicablemente, aseguran que se les hizo más fácil la rutina con “dos”, para muchas (incluida yo), es un gran ajuste, no solo personal si no familiar. Por eso y por que lo vivo todos los días desde hace ocho meses, comparto algunas sugerencias para superar exitosamente esta etapa:

* Prepara a tu hijo maymama-de-dos-fotoor para la llegada de su hermanito pues es probablemente el cambio más importante de su (corta) vida. Involúcralo en todos los preparativos: comprar la ropita e implementos, decorar el cuarto y déjalo que hable, abrace y “juegue” con la barriga. En nuestro caso hicimos muchas actividades alusivas al tema, leímos cuentos sobre la llegada de los bebés, fuimos a su colegio y jugamos con sus compañeros a “bañar, vestir y alimentar” a los “nenés” de juguete y hasta dibujamos con pintura sobre mi barriga.

* Pide ayuda. Bien sea de parte de tu pareja, mamá, suegros, hermanas, primas, amigas, o sea contratar ayuda externa, lo cierto es que la vas a necesitar. Los primeros meses requerirás, sobre todo, mucho apoyo con el cuidado del hijo grande. Puesto que los bebés recién nacidos son tan delicados, te verás en la obligación de pasar mucho tiempo en casa, y si bien es bueno que los hermanos compartan es importante que el mayor mantenga sus espacios de desarrollo y esparcimiento (colegio, actividades extracurriculares, tardes de parque, etcétera).

* Involucra a tu hijo grande en tus tareas como mamá de dos. Los niños pequeños son excelentes ayudantes pues los hace sentir valorados y orgullosos. Cuando le cambies el pañal al bebé puedes pedirle, por ejemplo, que te pase las toallitas húmedas o la ropita. Claro, todo va a depender de la edad. Si todavía es muy pequeño, se le puede pedir “ayuda” cantándole o haciéndole cariñitos (con supervisión) a su hermanito.

* Simplifícate. Un segundo hijo significa el doble de obligaciones y también el doble de “equipaje”. Si antes salías con un “súper bolso” con pañales, varias mudas y todos los productos que creías podías necesitar, ahora debes compartir el espacio para los dos. Además, algunas veces, dependiendo de las posibilidades de cada quien, tocará que ambos niños compartan habitación y para esto es recomendable deshacernos de objetos innecesarios.

* Establece rutinas claras. Los horarios regulares le dan seguridad a los niños porque los ayuda a entender “qué esperar” del día. Además nos permiten como mamá organizarnos para poder atender ambos y tener “algo” de tiempo para nosotras.

* Apartar tiempo “de calidad” exclusivo para cada hijo. En nuestro caso, todas las noches, cuando el bebé duerme, Alana y yo hacemos alguna actividad juntas. A veces es pintar, otras veces ver una película o jugar con plastilina. Este tiempo es una especie de “vía de escape” para ambas. Nos permite relajarnos y liberar las tensiones del día. Así, cuando Alana está irritable me aseguro de pasar más tiempo con ella y mejora inmediatamente.

* Hacer algo por nuestro bienestar cada día. Entre “tanta gente” (hijos y esposo) es posible olvidarnos de las necesidades y metas propias. Por eso, cada día asegura dedicar aunque sea 30 minutos para ti sola, ya sea para ver una película, hacernos la “manicure” o dormir.

¿Y ustedes, qué otras estrategias les han funcionado? ¡Compártelas por las redes sociales usando la etiqueta #mamadedos.

@agobiosdemadre