Halloween saludable y seguro para todos

Resumen: Cada año, cientos de niños y no tan niños, salen a recolectar una cantidad de caramelos y golosinas que podrían ser el equivalente a lo que podría comer a lo largo de su vida, no obstante, es una tradición para muchas familias por lo que espero poder brindar algunas ideas para sortear esta marea dulce que podría traer consecuencias nada gratas a la salud.

Hay muchas historias alrededor de la tradición de recolectar golosinas durante la noche de Halloween y en todas se describe cómo con el paso del tiempo, esta tradición pasó a ser una actividad divertida para toda la familia pero especialmente para los más pequeños de la casa. Caramelos y golosinas, que resultan ser los menos costosos, son la “cuota” para evitarse una broma durante la noche de brujas, así los chicos logran reunir una basta dotación de productos que en otras circunstancias, la mayoría de los padres ni pensaría en compartir con sus pequeños.

En todo caso y como siempre digo que lo único constante es el cambio, los estilos de vida y los riesgos a los que se enfrentan los chicos de hoy están muy alejados de aquellos que amenazaban con una noche de lenguas coloradas y una que otra indigestión.

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Para las familias con alergias e intolerancias alimentarias, la noche de brujas es literalmente una noche de terror, pues los chicos se exponen a una cantidad de productos que no deben comer y a la mayor pesadilla: la desinformación de los adultos a la hora de compartir las golosinas cuando tocan a su puerta. No esperamos que los chicos estén explicando su condición a cada adulto que les recibe, sin embargo, el no hacerlo, los pone en un riesgo inmenso que muchas veces estropea la diversión.

Para sortear esta situación, algunas agrupaciones en Estados Unidos decidieron pintar las calabazas (típico recipiente para las golosinas) en un contrastante color azul, que resalta rápidamente en la marea naranja de la multitud de chicos. Con esta forma de destacar y una buen campaña informativa, muchos adultos ya están preparando las golosinas apropiadas para evitar reacciones adversas. Me parece un gesto de solidaridad único y repetible en muchas otras situaciones donde los chicos quieren integrarse a las tradiciones pero alguna condición médica se los impide.

Otro aspecto inquietante de esta tradición de compartir golosinas, es el aumento indiscriminado de niños con enfermedades crónicas como Diabetes e Hipertensión Arterial, así como una casi indetenible ola de malnutrición que está mermando la calidad de vida de miles de familias por las terribles consecuencias que conllevan hábitos de alimentación malsanos y el incesante sedentarismo en el que viven los niños hoy en día.

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No porque lo hallamos hecho de una misma manera a lo largo de varias décadas, es imperativo repetirlo en piloto automático porque “así somos” o “esa es la tradición”. Ya no se puede tapar el Sol con un dedo, los niños son la principal víctima de la pandemia de Diabetes tipo 2 y de otras enfermedades crónicas no transmisibles y esto en buena medida es una consecuencia de hacerlo de la misma manera por años y años sin mirar sus efectos a largo plazo.

¿Qué podemos hacer? Lo primero es hacer un ejercicio para darnos cuenta que ciertamente lo que venimos haciendo no nos está favoreciendo, y muy por el contrario, está generando efectos muy poco favorables en nuestra salud y la de los más pequeños. Seguidamente, necesitamos trazar un plan para hacer la transición, pues cambiar de un caramelo a un palito de zanahoria dudo que sea bien recibido por la mayoría. Tercero, mantenerse firme en la decisión, aun cuando te sientas que nadas contra la corriente, pues todos tenemos ritmos diferentes y es posible que esta decisión que tomes hoy, sea poco popular entre los adultos cercanos que aún no lo ven igual que tu. Este es un buen momento para practicar la compasión, pues cada uno va a su ritmo y no a todos “nos cae la locha” al mismo tiempo.

Pongamos el tema sobre el tapete y compartamos alternativas más saludables para este año.. con gentileza para que a su ritmo, todos puedan ir sumándose a la iniciativa de una fiesta más saludable pero igualmente divertida!

Otra medida que podemos incluir para continuar con la tradición de salir a pedir algo la noche de brujas, podría ser cambiar las golosinas por otra cosa que no sea comestible. Esta de buenas a primeras puede ser una medida muy impopular, pero sería la más efectiva para generar un cambio de hábitos que realmente genere el cambio que necesitamos para minimizar el ambiente obesogénico en el que viven los chicos de hoy.

Regalar lápices, borradores, libretitas o cualquier otro elemento que no sea comestible podría ser una opción bien recibida. Es cuestión de ponerse creativos! Por ejemplo, siendo la calabaza (auyama) uno de los símbolos más emblemáticos, aproveche la ocasión para incorporarla en las comidas de estos días cercanos a las fiestas. De igual manera puede hacer con otras frutas y vegetales de color amarillo, naranja, morado, rojo, etc. En as redes hay muchas alternativas de postres hechos con frutas que decoradas, evocan personales típicos de Halloween.

Esta es una tradición que recién se está practicando en nuestro país, no todos la comparten pero ya está en el vocabulario de muchos niños como consecuencia de la globalización de la información, así que es un buen momento para elaborar las reglas y hacer que estas celebraciones se ajusten a lo que queremos y evitar doblegarnos a incluso situaciones que hasta hace algunos años nisiquiera existían en nuestro vocabulario y costumbres. Feliz noche de brujas!

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@cocinasegura