Un lunes saludable

“El lunes empiezo la dieta” es una frase tan usada que ya me cansó. Es como decir muchas veces la misma palabra hasta que, por desgaste, pierde su significado. Por eso ya no la uso.

“Comer sanito” me gusta más. Es más linda, más amigable y más posible. No se trata de ser una top model, se trata de sentirnos bien y de tener buena salud. Y esta semana la arranqué así.

El lunes mi hermana y yo teníamos reuniones por toda Caracas. Fue uno de esos típicos lunes en los que salí corriendo con el peine en la mano, sin maquillarme y sin desayunar.

Cuando me monté en el carro me encontré con el mismo escenario: mi hermana arreglándose mientras me esperaba. “¿Desayunaste?” le pregunté, “no” me contestó. Arrancamos y, afortunadamente, llegamos a tiempo a nuestra primera reunión, pero con el estómago vacío.

Al salir y ver que faltaba mucho para la siguiente reunión, una idea se me vino a la mente: “vamos a Prana que es sano, estamos cerca”.

Prana queda en la 3era Avenida con 3era Transversal de Los Palos Grandes y es un sitio precioso, en el que puedes desayunar, almorzar, merendar y hasta cenar, porque cierran a las siete de la noche. En su cuenta de Instagram @pranajuicebar vas a ver las delicias y todo te va a provocar.

Como todavía era temprano (las diez y media de la mañana más o menos), el plan no era desayunar a todo dar, pero sí tomarnos un juguito y comernos algo chiquitico para aguantar hasta la otra reunión y la hora de almuerzo.

La nevera de los jugos es un espectáculo de colores y te va a costar decidirte porque la variedad de sabores y beneficios es impresionante. A nosotras nos pasó, hasta que Fer eligió uno llamado “Red Roots” que tiene zanahoria, piña, pepino, remolacha, limón y jengibre, y yo uno llamado “Immunity” con naranja, parchita, limón, jengibre, cayena y agua de coco.

Para comer agarramos unas galleticas de avena, cambur y gotas de chocolate oscuro, que se consiguen en la caja.

Qué perfección de tentempié.

Los jugos son una divinura. No tienen aditivos, ni colorantes, ni azúcar añadida. Son refrescantes y cuando te los tomas sientes como un alivio, como un cambio. Como si el cuerpo agradeciera el cariñito que le estás haciendo.

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Las galleticas son deliciosas. Suaves y dulcitas.

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Eso sí, no es muy solidario que se diga, pero de vez en cuando vale la pena y la vale por la salud. Uno puede tomarse un jugo en cualquier parte, pero seguro va a tener cuatro cucharadas de azúcar y jamás va a tener todos los mismos beneficios que los de Prana. Entonces, cuando quieras hacerte un bien, cuando te digas a ti mismo(a) “yo me lo merezco”, ve para allá. No tiene pérdida.

Otra cosa que me gustó mucho es que es un lugar tranquilo. A nosotras nos dio tiempo de sentarnos en las mesitas de afuera y adelantar cosas. Fue como una mini reunión muy productiva donde se tomaron decisiones importantes de trabajo. Nada mejor que un buen juguito para poner las cabezas a pensar y pensar bien.

Se llegó la hora de irnos corriendo a la otra reunión, que duró lo suficiente para salir directo a almorzar.

Nos fuimos a Sette Pizza, pero no comimos pizza.

Sette queda en la 4ta Avenida con Calle 2 de Los Palos Grandes. Es un sitio que siempre me ha gustado. Me gusta la ubicación, me gustan las mesitas de afuera, me gusta la atención y me gusta que los fines de semana hay música en vivo por las noches.

Es importante decir aquí que las pizzas son increíbles porque ya las he probado. Así que si eres pizza lover como yo y no vas en plan de comer sano, pide cualquiera. Todas son buenísimas.

Nosotras pedimos la ensalada césar con pollo, la ensalada capresa y un capaccio de lomito. Las tres cosas para compartir.

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Comimos súper rico.

Las ensaladas estaban divinas, pero si tuviera que decir cuál me gustó más, diría que la capresa.

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Y el carpaccio estaba delicioso.

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Sé que he dicho que no me gustan las carnes rojas, pero por alguna razón el carpaccio de lomito me fascina y este estaba buenísimo.

Mientras comíamos y conversábamos de las reuniones de trabajo y de muchas otras cosas, pensé que salir a comer no siempre tiene que ser un desastre food porn de papas fritas y pizzas. También hay sitios en Caracas donde uno puede pasar el mismo buen rato, comer rico y contribuir con esta casita donde vivimos que es nuestro cuerpo.

Es ahí cuando entiendo que Caracas me quiere, o mejor dicho, NOS quiere más de lo que nosotros pensamos. Ella nos da food trucks de hamburguesas, jardines de cervezas artesanales, pizzerías para todos los gustos. Pero también nos da juguitos, ensaladas y espacios para hacer una pausa entre correderas y reuniones.

Gracias Caracas por cuidarnos tanto.

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@paularussap