Tienes que conocer “La Callecita Del Sabor”

“Nadie es profeta en su tierra” dice un antiguo refrán que yo jamás uso, pero que para este caso muy particular es bastante pertinente.

Ya he mencionado en otras oportunidades que soy hatillana rajada. He vivido aquí los 33, casi 34 años de vida y puedo decir (con un poquitico de pena) que todavía me sorprendo de los lugares que se puede conseguir uno en El Hatillo.

Esta vez fue en La Calle Miranda. La debes conocer porque esa es la calle donde está el gran estacionamiento de El Hatillo y ese es el mejor punto de referencia que puedo darte, porque es justamente la siguiente entrada a la izquierda a donde te recomiendo que vayas.

Punto importante: no puedes ir con el carro. Déjalo en el estacionamiento y vete caminando, que es ahí cerquita.

Entrarás a un callejoncito empinado donde hay varios locales. El primero, llamado “Maracaibo Bistró” estaba cerrado. Agaché la cabeza con desilusión y seguí subiendo.

El segundo a mano izquierda, que según entiendo es de los locales que más tiempo tiene allí, se llama “Mexican Burguer” y si no lo conoces todavía, no sabes de lo que te estás perdiendo.

Uno de sus principales atractivos es que es como los carritos de hamburguesas de “La Calle El Hambre”, pero la gran diferencia es que está bello pintado, es muy muy limpiecito y tiene sus mesitas techadas, para que puedas sentarte a disfrutar de una deliciosa comida, rodeado(a) de paisajes muy verdes y de una brisa deliciosa, a la hora que vayas.

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Me encantó ir ese día. En la mesa de al lado una pareja había llevado a su hijo al salir del cole y el niño hablaba y hablaba con una voz chiquita y dulce. Supuse entonces que el niño se vuelve parlanchín cuando le da hambre, porque cuando le trajeron la comida, se la comía con tanto gusto que el silencio reinó, para dar paso a un infante que casi comía como un adulto. Fue una ternura. De pronto y sin querer un accidente: en un segundo de descuido escuchamos el sonido de un vidrio estallando contra el piso. Al chiquitico se le había caído el vaso y en un acto de desesperación, dijo muy preocupado y a viva voz “lo siento”. Todos los comensales, incluyéndonos nos enternecimos y lanzamos un unísono “awww”. A todos se nos partió el corazón de tanta elegancia y preocupación, para lo pequeño que era. No pasó nada. Su padre le explicó que no pasaba nada, que esas cosas suceden a veces. El niño, ya más tranquilo, siguió disfrutando de su almuerzo.

El menú es muy variado. No vayas a pensar que, porque tiene la palabra “Burguer” en su nombre, es lo único que tienen (de hecho, solo tienen dos hamburguesas… una muy buena, por cierto, pero ya voy para allá). Hay burritos, fajitas, enchiladas, tamales, tostadas, nachos, quesadillas, flautas y todo lo puedes pedir de pollo, carne o cochino.

Ese día éramos varios y por eso pedimos los botanachos de pollo: nachos con pollo desmechado por encima, queso derretido, guacamole, frijoles y unas mini flautas de queso (que son como unos tequeñitos, pero en vez de masa, el queso está envuelto en una crocante tortilla de maíz).

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Las flautas, porque son deliciosas y todos queríamos más flautas.

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Los nachos tres colores con guacamole, queso blanco rallado y frijoles.

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Pico de gallo (que tienes que pedirlo a parte y vamos a estar claros, comida mexicana sin pico de gallo, no es comida mexicana).

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Y la hamburguesa de pollo, que la pidió mi cuñado porque honestamente, se veía deliciosa y gigantesca.

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La comida es muy rica. Todas las tostadas, nachos y flautas estaban super crujientes, lo cual quiere decir que todo está hecho al momento. Si vas a pedir algo de tomar, no pidas refresco, opta por el papelón que le va perfecto a la comida. Si te gusta el picante, no dejes pasar por alto el tarrito que está en la mesa. Y no te olvides de pedir la ración de pico de gallo.

Dato importante de la hamburguesa: no pienses que te va a saber a la típica hamburguesa con salsa de tomate y mostaza. Esta tiene un toque mexicano. Tiene aguacate, tomate, queso, jamón, una tostada en el medio que le da un crujientico sabroso, un huevo frito y la pechuga de pollo a la plancha. Te va a gustar. Si eres amantes de las hamburguesas, te va a gustar mucho.

Otro dato muy interesante: los precios están muy buenos. Te recomiendo que vayas pronto, porque ellos deben estar a punto de descubrir que deben subirlos un poco. De verdad te vas a sorprender.

Y un punto a resaltar es que a mi bella madre le fascinó comer allí. Ella es muy crítica y observadora, cosa que me encanta de ella, porque me ha enseñado a ver las cosas con lupa y a exigir calidad y amabilidad a donde quiera que vaya.
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Frente a “Mexican Burguer” hay otros dos lugares muy lindos e interesantes a los cuales no fuimos, por razones obvias, pero quedamos con el pendiente.

Nos despedimos del callejoncito, buscamos el carro en el gran estacionamiento y nos regresamos a la casa, con muchas ganas de volver a conocer los otros sitios… Y no pasó mucho tiempo. Una semana para ser exactos.

Ese día desayunamos tarde, pero teníamos ganas de pasear… O bueno, teníamos ganas de ir para allá como unos niñitos antojosos. Entonces creamos un plan sencillo: ir a picar un par de cositas, para probar y contarte qué tal.

Cuando subes por el callejoncito, el primer local que te vas a encontrar a mano derecha se llama “Marranos Grill”. Por el nombre ya debes saber de qué se trata la cosa: sándwiches de pernil, pulled pork, pulled chicken, costillitas bbq, papas fritas. Sip, un paraíso para los amantes del cochino y todo lo que es decadente para el paladar. Además, tienen cervezas artesanales, que son las acompañantes perfectas de este tipo de sabores.

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Como íbamos a picar con la idea de probar un par de cositas e irnos para el siguiente local, no nos excedimos, como siempre había sido la costumbre.

Pedimos una ración de papas fritas, las costillitas bbq acompañadas con chips de batatas y una ración de algo que ellos llaman “tocineta crocante”. Yo que, como ya dije en alguna oportunidad, no como cochino, disfruté muchísimo las papas fritas. Y es que yo amo todas las papas fritas del mundo como vengan, pero si tuviera que calificar estas, les daría 20 puntos y una estrellita de lo perfectas que eran.

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Acá voy a tener que valerme de las impresiones de mi cuñado, mi mamá y mi hermana que estaban fascinados con las costillitas y con las tocinetas que, debo decir, no son para nada lo que imaginas. No son las lonjas que estás acostumbrado(a) a comer. Son unos cubos fritos y bañados con una salsa de miel.

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Mi hermana me dijo “Esto debería tener una estrella Michelin, o mejor dicho una estrella Paulín” y soltó una carcajada que me hizo pensar “voy a agregar esa frase al artículo, pero no le voy a poner la estrella Paulín, sino la estrella Fer”, primero porque fue su idea y segundo porque se notaba que estaba en el cielo del sabor. Yo sabía que ella tenía tiempo sin encontrar un lugar donde entendieran su gusto, donde supieran lo que a ella realmente le gusta y donde se lo sirvieran con tanta precisión. Eso se lo agradecí a “Marranos Grill”. No se trata solo de lo que a mí me gusta y de que yo sola disfrute de la ciudad. Sino de que los míos, los que yo más amo, la disfruten conmigo a esos niveles.

La atención es maravillosa, la vista es insuperable, la brisa es tan fresca y el lugar es tan lindo que de pronto me sentí en Mérida. En esa Mérida que llevo en el corazón porque es la tierra que vio a mi bella madre nacer y que es como mi otra casa, como mi otro lugar en Venezuela, como si yo tuviera dos gentilicios: el de caraqueña y el de merideña.

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Me fascinó ir para allá y estoy segura de que voy a volver. Quiero llevar a Raúl (mi novio) que sé que va a ser feliz ahí. Quiero llevar a mis amigos Chacho, Frodo y La Negra, que se han convertido en mi familia y sé que van a alucinar. Quiero llevar a Charlos, a Cati y a su bebé Dylan, unos amigos de mi hermana y que ahora son también mis amigos. Quiero llevar a mi primo Carlos (que más que mi primo es mi hermano que adoro) que vive en Mérida y ama las costillas tanto como Fer. Quiero llevar a Duilio, mi mejor amigo en la vida. Quiero llevarlos a todos, para que la pasen tan bien como la pasamos nosotros. Además, quedé con ganas de probar las birras artesanales y de pedir el sándwich de pulled chicken, que no pedí porque nos faltaba el último lugar.

Nos despedimos con alegría. Felices de haber comido rico y de que nos atendieran tan bien. “Vuelvan pronto a La Callecita Del Sabor” nos dijo la muchacha y extrañada la miré, como tratando de entender si ese nombre era un invento de ella o si de verdad se llamaba así y antes de que yo pudiera pronunciar palabra, ella me dijo que así era como se llamaba esa diminuta callecita tan escondida y tan culinaria.

Al llegar a “Los Balkanes”, un sitio mínimo de comida griega, nos recibió una señora en la cocina, diciéndonos que el dueño se había ido, que no tardaba en llegar y nos invitó a que subiéramos al piso de arriba, donde están las mesitas. Allí nos sentamos ansiosos. No son muchos los platos griegos que he probado en mi vida y esta era la oportunidad. Pero esta vez no tuve suerte. Esperamos unos 20 minutos y bajé a hablar con la señora que estaba solita en la cocina. Ella me contó que a la esposa del dueño le habían sacado las cordales y que probablemente no vendría a cocinar. Confieso que al principio se me rompió el corazón. Tenía tantas ganas de comer ahí y de contarte de todos los lugares que te vas a conseguir en “La Callecita”. Pero luego esa desilusión se convirtió en una idea “no importa, volveremos otro día y este artículo tendrá una segunda parte 100% dedicada a la comida griega de ese lugar”.

A veces no todo termina como uno espera. Termina aún mejor. Ya que no pudimos comer en “Los Balkanes”, decidimos dar un paseo por el pueblo. Como mi cuñado es de Maracay era el momento perfecto de mostrarle El Hatillo y de llevarlo a Hannsi.

Entre nacimientos, diablos del Yare, cuatros, hamacas, postales de Venezuela, sombreros, velas y el más intoxicante y delicioso olor a madera, terminó nuestro paseo.

Caracas es enorme y tiene muchos lugares por conocer, pero a veces hay que empezar por casa. A veces hay que conocer bien el pueblo que te vio crecer y yo tuve la suerte de haber crecido en El Hatillo.

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@paularussap