Pesto Pasta Bar: Una Comida Rápida Que Tiene Sabor A Casa

Vivir en Caracas muchas veces significa estar en una sola corredera. Es inexplicable. En un día hay que hacer doscientas diligencias que, por una cosa o por la otra, nunca se hacen de una sola vez.

Ese día así estábamos Fer (mi hermana) y yo. En medio de tanto ajetreo, de pronto nos encontrábamos en Altamira, a eso de las dos de la tarde, muertas de hambre y sin tiempo para sentarnos con calma en un restaurante.

Los caminos de Caracas son muy interesantes. Muchas veces terminan por llevarte, sin que lo sepas, justamente hacia donde deberías ir. Estábamos pasando por la 2da. Transversal entre Av. San Juan Bosco y Av. San Felipe y lo supimos: Presto Pasta Bar.

Desde hacía tiempo quería ir. Ya había visto la franquicia (la primera que abrieron) en la feria de la Universidad Católica Andrés Bello y me había llamado la atención su concepto. Luego, como era de esperarse, los seguí en Instagram y ese día, con mi hermana, se nos apareció como un milagro en medio del caos de nuestra querida ciudad.

El establecimiento es pequeño, pero eso no les impide ofrecer variedades de pastas y salsas con distintos tipos de toppings para acompañarlas, ensaladas, wraps, carpaccios y postres.

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Yo con la pasta, debo admitirlo, soy bastante clásica. Por lo general me voy por el tomate o la albahaca, o algo que combine ambos sabores. Ah y mucho queso parmesano, claro. Sin embargo, en Presto saben que en nuestro país se han hecho muy populares ciertas combinaciones criollas como la pasta con asado negro o el hecho de que en la mayoría de las casas la pasta vaya acompañada de tajadas y por eso las ofrecen orgullosos.

Como decía, el establecimiento es pequeño, pero muy bonito. Madera, acero, luz natural. No hay mesas, solo una barra que tiene vista hacia la calle, de cuatro o cinco sillas. Por alguna extraña razón siempre están llenas, pero nunca se queda uno demasiado tiempo esperando para sentarse. Supongo que es la rapidez del servicio.

Al llegar a la caja, hicimos nuestro pedido: una pasta bologna grande para Fer y una pasta fileto grande para mí. Ambas, con topping de queso parmesano.

En lo que terminamos de decir lo que queríamos ya se veía al fondo, y entre el humo de un vapor denso, un muchacho haciendo los preparativos.

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En un minuto aproximadamente, ya estaba listo nuestro almuerzo. Dos hermosas cajitas, las bebidas y unas mini focaccias. Como dije, no esperamos para sentarnos. En lo que la bandeja llegó a nuestras manos, ya estaban dos sillas esperándonos.

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El calor de Caracas se podía ver a través del vidrio panorámico, así como los carros que esperaban el cambio del semáforo, para seguir su rumbo.

Al abrir las cajitas, emergieron los más familiares olores. Esos que evocan la pasta hecha en casa a la manera venezolana.

El toque italiano por supuesto que salta, sobre todo por el aroma a albahaca y romero fresco, pero lo que más me gustó fue descubrir que esos sabores se fusionaron con nuestra sazón y que en Presto Pasta Bar pueden degustarse.

        Esta es la bologna.

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            Algo importante es que en el mostrador tienen, a disposición de los comensales, pimienta, orégano y peperoncino. A Fer le gusta comerse la pasta con mucha pimienta negra, como se ve en la foto.

            Esta es la fileto.

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            Como dije arriba, con bastante parmesano. Menos mal y en Presto no escatiman en espolvorearle mucho.

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            Estaban sabrosas. Sí, sabrosas. Que es un término que no suelo usar para contarte cómo me parece lo que pruebo, pero que describe mejor ese toque que es nuestro, que sabe a casa, a familia, a domingo a la hora del almuerzo.

            La experiencia fue corta, porque todo sucede muy rápido, porque teníamos que salir corriendo a seguir con nuestras diligencias y porque ya habían llegado nuevos comensales, que necesitarían las sillas que estábamos ocupando.

            En pocos minutos ya formábamos parte de ese paisaje que los visitantes de Presto miran a través del impecable vidrio. Ya estábamos en aquella cola que espera el cambio del semáforo.

            Y fue cuando entendí. Caracas no es siempre de romances y noches llenas de aventuras. De hecho, casi siempre es de rutinas y cotidianidades. Es de una vida como cualquier otra, donde hay que buscar papeles, comprar cosas, cumplir con reuniones, mirar el reloj, atender llamadas y, por supuesto, de encontrar lugares donde el tiempo vuela entre ricos sabores.

            Así es mi Caracas. No me falla. Ni siquiera cuando el apuro forma parte del menú.

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@paularussap