¿Para qué sirven las tradiciones?

“El mundo histórico tiene su propia realidad en la tradición. En la medida en que vive la tradición ese mundo vive”.

Nishida Kitarô

Los motivos por los que un hecho o grupo de actividades se transforman en tradición suelen ser socio-culturales, elementos que por considerarlos valiosos o acertados se pretenden extender más allá de grupos reducidos.

De esta forma, una tradición que empieza en una localidad pequeña puede acabar practicándose a lo largo de un país o varios, o a lo largo del tiempo. A veces es simplemente un hecho repetido tantas veces que acaba convirtiéndose primero en costumbre y luego en tradición.

En el espacio de la alimentación, la tradición culinaria forma parte de la historia de nuestros pueblos y de nuestros países.

Todas las culturas tienen rituales que se desarrollan alrededor de la comida y su preparación. Diversos estudios muestran que realizar un ritual antes de una comida, mejora la experiencia de comer y hace que los alimentos sean percibidos como más sabrosos.

Otros hallazgos describen que, cuando participamos en la preparación de estas comidas, nuestra experiencia al comer es más satisfactoria y que cuanto más tardamos en prepararlas, la apreciación por éste es mucho mayor.

Así que se puede decir que el esfuerzo y el alarde asociados a los banquetes navideños y del Fin de Año realzan la experiencia gastronómica.

En un mundo tan hambriento por el control, los rituales y las tradiciones “calman” nuestra necesidad por saber lo que va a suceder.  Tener una época especial del año en la que sabemos exactamente qué hacer, siguiendo las pautas que se han transmitido de  una generación a otra, nos transmite una agradable sensación de estructura y estabilidad.

Desde una perspectiva antropológica, la función más importante del ceremonial navideño es el papel que desempeña en el mantenimiento y el refuerzo de los vínculos familiares. De hecho, para los parientes que viven lejos, los rituales de estas fiestas pueden ser el lazo que mantiene unida a la familia.

Los rituales de las festividades para celebrar la Navidad y el Año Nuevo están repletos de regalos para los sentidos. Todos esos preparativos anuncia que no se trata de una ocasión cualquiera, sino una época llena de importancia y significado.

La exuberancia sensorial ayuda a crear recuerdos perdurables de esos momentos y los graba en nuestra memoria como acontecimientos especiales dignos de guardar en nuestro corazón.

Los estudios del Premio Nobel Daniel Kahneman muestran que cuando evaluamos nuestras experiencias pasadas, solemos recordar los momentos más gratos y prestamos poca atención a todo lo demás, es decir, que aún cuando ocurran situaciones no deseadas como la ausencia de un ser querido, los excesos de algún familiar o cualquier otra circunstancia inesperada o no grata, nuestra memoria almacenará más de aquellos recuerdos placenteros.

En otras palabras, nuestros recuerdos de las Navidades y el Año Nuevo en familia estarán compuestos principalmente por los rituales (tanto los alegres como los absurdos), la buena comida, los regalos y, a continuación, los abrazos de despedida a todo el mundo al final de la noche y eso, forma parte del acervo cultural que nos identifica con nuestra cultura y nuestra idiosincracia.

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@cocinasegura