Más que un Mercado

Hace un par de días fui al mercado de Chacao. Quería comprar cilantro para una sopita y cambures para mi avena del desayuno. Cuando llegué, fui directo hacia las hierbas y luego hacia las frutas. Quería salir de las “diligencias” rápido, como si se tratara de una visita al banco.foto-1

Caminando por los estrechos pasillos repletos de personas con sus carritos, sus bolsas y su afán, sentí un olor fresco. Me había parecido que llovía adentro del mercado y las gotas estaban haciendo aflorar el más delicioso olor a grama, a tierra. Era un puesto de verduras. Esa mañana las papas y las remolachas se habían engalanado con más perfume del que acostumbraban y me dijeron al olfato (y no al oído) que debía detenerme por un segundo y entender que no estaba en un lugar cualquiera.

Fue así como me convertí en otra persona. Dejé a la apurada y estresada en la mitad del camino y pensé “lo que tengas que hacer, lo harás después” y me regalé un paseo delicioso por el Mercado de Chacao.

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Lo primero que hice fue escucharlo todo, desde el señor que grita “¡El guayanés me llegó esta mañana!”, hasta la señora que pregunta “¿Tiene cacao en polvo?” Olerlo todo: las piñas, los pimentones, la albahaca. Caminar lento y con los ojos muy despiertos. Lo que podía parecer la escena más cotidiana, resultaba ser casi una pintura. Como si el más fino de los pinceles estuviera describiendo, con millones de acuarelas, a un hombre de espaldas, un jean, una camisa blanca, un delantal amarillo y un costal de mazorcas. Me enamoré.foto-3

Decidí que debía verlo todo. No hubo una esquinita que no revisara. Desayuné empanadas y almorcé cachapas, todo divino. Compré chips de coco (¿Las han probado?, son lajitas de coco tostadas. Hay con sal, picantes y hasta piña colada). Subí y bajé mil veces, hasta que decidí quedarme en el nivel más alto y ver para abajo.

Era como una ciudad de frutas y vegetales. Todo ordenado y desordenado a la vez. Las personas parecían andar en un valle de colores y aromas.

¿Cómo eso ha estado ahí por años sin ser descubierto? Anda, ve ya. Ve ahora. Deja lo que estés haciendo y visítalo. No tienes que quedarte a vivir ahí, como casi hice yo. No tienes que comprar nada (aunque de seguro sales con algo). Pero prométete que vas a espiar, que vas a disfrutar del espectáculo.

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Caracas siempre tiene una manera de sorprendernos. Hasta el lugar más obvio puede convertirse en un templo. Ese día yo decidí que el Mercado de Chacao podía ser uno de los míos.

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@paularussap