Mamá: ¡Desintoxica tu espíritu en 2018!

Enero, bien se sabe, es el mes de dietas, desintoxicación, nuevas metas, limpiezas y ejercicios. Y si bien después de los excesos de Navidad y fin de año se hace necesario “un poco” de orden y mesura, mi propuesta, más allá de limpiar nuestro cuerpo y nuestra casa, es desintoxicar la mente y el alma. En especial, cuando somos mamás, pues nuestros pensamientos y emociones afectan directamente a nuestros hijos.

La sociedad actual está abocada a la apariencia y aunque la forma en que nos vemos puede ser sinónimo de felicidad y hábitos saludables, para mí, el exterior es en realidad el reflejo de cómo nos sentimos. Si estamos a gusto con quien somos, con nuestra esencia, tendremos mayor fuerza y compromiso para cuidar nuestro cuerpo y el resto de los espacios que habitamos.

Ahora bien, ¿cómo se logra eso? Lo primero, para mí, es cuidar nuestra salud emocional tanto como cuidamos nuestros hábitos alimenticios. Así como nos hacemos conscientes de la calidad de los alimentos que nos llevamos a la boca, así mismo debemos rodearnos de personas y situaciones que nos inspiren plenitud. Aquí algunas ideas, para desintoxicarnos de los “agobios de madre”:

  1. Refúgiate en la ternura. Esto me lo dijo una amiga consultora de lactancia y desde entonces se ha convertido en una máxima. Los niños, especialmente cuando están bebés, son un remanso de paz. No hay nada que inspire más tranquilidad que ver a un bebé dormir, con es sonrisa de medio lado que a veces esbozan. Lo mismo ocurre con la alegría que la risa de un hijo. Aferrémonos y valoremos esos momentos con todas nuestras fuerzas y luego atesorémoslos en nuestra memoria.

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  1. Rodéate de personas que te hagan sentir cómoda con tu maternidad. A esto se le llama “la tribu”. Son esas amigas o familiares, con hijos o sin ellos, con los que podemos compartir esta etapa sin tener que censurarnos y que siempre tienen una palabra o gesto amable para animarnos. Si nos sentimos juzgadas, cuestionadas o intimidadas por alguien, sencillamente es mejor mantenerlo a una distancia, sobre todo si estamos en los primeros meses del postparto.
  1. Acepta tus limitaciones y encuentra tus fortalezas. Todas las personas tenemos limitaciones y fortalezas. Algunas somos desordenadas y muy creativas, otras organizadas y muy estructuradas, algunas nos destacamos más bien en la cocina, en las manualidades, en la jardinería, en las finanzas o en cualquier otra área. Descubre “qué es lo tuyo” y busca ayuda o baja las expectativas en aquello que se te dificulta. Cuando mi hija Alana, hoy de cinco, tenía un año yo comencé a sentir que la maternidad me sobrepasaba, sin embargo, a esa “debilidad” le di un propósito cuando comencé a compartir mis experiencias.
  1. No intentes hacerlo todo. Nadie puede, ni tiene por qué, hacerlo todo. Intentar hacer “todo” y por demás ser “perfectas” en nuestros múltiples roles (madre, amada de casa, profesional, mujer, etcétera) es una fantasía que solo nos dejará exhaustas y frustradas. ¿Esto significa que debemos dejar de tener metas? Por supuesto que no, pero debemos entender que cuando los niños son pequeños las demandas son múltiples y que por un tiempo, tal vez, debemos ajustar nuestras expectativas a la realidad y priorizar.
  1. Escucha menos a los demás y confía en ti más. Los consejos son importantes, sobre todo cuando provienen de personas que nos aman y respetan. Sin embargo, algunas veces cuando tenemos “nuestro foco” en lo que dicen o piensan los demás dejamos de escucharnos a nosotros mismos. Para las madres “esa voz interior” puede marcar la diferencia entre una tragedia y un susto cuando se refiere a los hijos. Por eso, más allá de lo que diga el pediatra o los abuelos, confiemos en nuestros instintos. Esto aplica también para nuestra vida personal.
  1. Practica el autocuidado. Hay un dicho muy cierto: “Si mamá está bien, todos están bien”. Y es que es prácticamente imposible poder cuidar a nuestras familias si estamos exhaustas o enfermas. Por eso recomiendo tener tiempo de calidad para nosotras mismas o practicar una actividad que nos relaje y nos de placer y que no esté relacionada con nuestra profesión o rol de madre. Para mí es el yoga y la meditación pero para alguien más puede ser la pintura, la música o el ejercicio.

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  1. Pide ayuda y agradece. Pedir ayuda, a los amigos, a la familia o a un experto, no es señal de debilidad. Al contrario, es muestra de inteligencia. Somos lo suficientemente astutos como para entender que no podemos solas. A veces la ayuda que necesitamos es la de la abuela para que se quede una noche con el niño mientras salimos con la pareja, otras veces es la de una nana o guardería, de una amiga para tomarnos un café o de un profesional de la salud mental con quien podemos compartir nuestras angustias. Lo importante, si sentimos que no podemos por nuestra cuenta es buscar el apoyo que necesitamos. Una vez que lo consigamos no lo cuestionemos o saboteemos, simplemente agradezcamos.

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@agobiosdemadre