Kurt nos sabe cuidar

Hace años un grupo de amigos me invitaron a un lugar maravilloso al que no había vuelto a ir sino hasta hace unos días.

En aquella oportunidad fuimos porque me habían dicho que era un sitio perfecto para probar cócteles y así hicimos. Allí fue donde, por primera vez, me tomé un dirty martini y desde ese día me encantó. La pasamos buenísimo y aunque fue hace unos diez años, el recuerdo sigue intacto de aquellos amigos de la publicidad que todavía andan por ahí. Algunos viven en otros países y otros, gracias a Dios y a esas casualidades de Caracas, los estoy volviendo a ver a menudo y eso me tiene feliz.

Hace poco volví a ir. Ahora con Sergio, Fer y Raúl. Los cuatro fuimos a La Taberna De Kurt.

La Taberna queda entrando a La Cuadra del Centro Comercial Paseo Las Mercedes. Es lo primero que te encuentras. Te juro que has pasado por ahí doscientas veces, pero ya es hora de que entres.

Es un lugar muy bello, atendido por su propio dueño, el señor Kurt. Un caballero. Un hombre como los que ya no hay. De traje y corbata. De amabilidad inagotable. De un tono de voz elegante y suave. Y con una habilidad envidiable para atender con una sonrisa en el rostro y para conversar.

Su papá era alemán y su mamá oriental, linda combinación ¿verdad? Hablando con él, me contó que su padre fue el dueño de un restaurant que probablemente no conozcas porque ya no existe, pero estoy segura de que tus padres o tus abuelos sí saben. Él me dijo que le preguntara a mi mamá y así hice. Era verdad. Ella había ido. Ella me describió exactamente lo que ya él me había contado.

El Montmartre había sido un lugar muy romántico, donde las mujeres llegaban con largos vestidos, guantes y sombreros, y los hombres iban de traje y zapatos bien lustrosos a cenar y a bailar bajo las estrellas del cielo caraqueño, en aquel lugar que quedaba justo al lado de la Iglesia de Baruta y del que ahora solo queda el recuerdo de los privilegiados que fueron a enamorarse en aquella Caracas de los años cincuentas, sesentas y setentas.

Kurt me contaba que él trabajó allí desde muy joven. Seguro en aquellos años tenía el mismo porte, con esa altura y esa forma interesante de caminar. Seguro fue de allí que aprendió a ser así.

Cuando fuimos, yo iba con toda la intención de seguir mi propósito de comer bien y en verdad así fue, pero cuando Kurt me dijo que él hacía los mejores mojitos cubanos y las mejores margaritas y que debía probarlos, no me resistí. No tuve fuerza de voluntad, pero es que ¿quién le puede decir que no a ese señor? Así que bueno, los pedimos.

Los mojitos fueron de parchita

1

Y la margarita tradicional

2

Como ya podrás imaginar, estaban deliciosos.

Es adorable ver cómo Kurt se mete a la barra, se lanza la corbata hacia atrás, por encima del hombro y desde tu mesa lo ves licuando, batiendo, picando.

Al rato nos empezó a dar hambre y justo cuando ya estábamos a punto de pedir la carta Kurt se nos acercó para preguntarnos si queríamos comer algo. Ese es el tipo de cosas que solo hace alguien con experiencia, alguien que sabe perfectamente cuándo sus clientes van a sentir hambre. Y antes de pedirle la carta, él mismo empezó a recomendar.

Claro que habían platos culposos y mal portados, pero Kurt sabe balancear el asunto, así que de entrada nos recomendó una bandeja de vegetales y camarones grillados.

Mira esta hermosura.

3

Además de divinos, muy sanitos.

Y de segundo, un arroz a la marinera espectacular.

4

Me encantó ir para allá. Comimos divino, sano, balanceado e hicimos nuestra trampita con los cócteles, porque ¿qué puede hacer uno cuando la atención es buena?

Y es que el propósito de comer sano no se trata de quedarse en la casa comiendo lechuga. Más bien se trata de ir a lugares lindos, de hacer cosas agradables y de elegir bien qué es lo que hay que comer para que la salud, tenga también felicidad.

Esa noche la comida estuvo deliciosa, pero la grata compañía de Kurt fue lo mejor. Y uso la palabra “compañía” con responsabilidad y con cariño, porque más que atendernos, nos acompañó.

Y es que Caracas tiene eso, donde menos te lo esperas te encuentras con un hombre de gran estatura, que te cuenta de su vida y su pasado, te dice qué comer y no se equivoca.

Por Kurt, por los amigos, los amores y por un lugar escondido en Las Mercedes, por todo eso es que te quiero, Caracas.

Esta entrada esta marcada en Caracas.
@paularussap