Dot Donut y Training Bike (Así Me Quiero A Mí Misma)

Claro que Caracas es una ciudad para disfrutarla en buena compañía. Yo siempre he creído que no es el destino, sino el viaje… Y mucho mejor si en el camino te encuentras rodeado de las personas que te quieren, que te hacen reír, que te secan las lágrimas.

Pero también es cierto que el amor que sientes por ti mismo debe ser lo suficientemente fuerte, para disfrutar de ciertas y determinadas cosas en soledad. Esa soledad que SÍ es buena consejera, porque te permite conocerte, saber quién eres, qué te gusta.

Yo he descubierto montones de cosas que me gusta hacer sola: caminar por las calles de Chacao escuchando música, leer sentada en alguna plaza, tomarme un café de panadería, almorzar en algún lugar bonito y mirar al frente, orgullosa de saber que me gusta estar conmigo y solo conmigo.

Otra de esas cosas que me gusta hacer sola es Training Bike en el Struktura (mi gimnasio, que amo).

Fue una sorpresa para mí, debo confesar. El único deporte que me gustaba hacer era nadar y ya tenía tiempo sin ir. Nunca fui constante con el ejercicio. Eso tuvo que cambiar.

Un día me vi trabajando desde casa. Eso me puso en una posición nueva (desagradable). Si antes tenía que caminar para ir a mis antiguos trabajos, ahora la distancia más larga que tenía que recorrer era del cuarto a la cocina.

El Struktura me queda muy cerca. Demasiado cerca. En el edificio de al lado. Eso me hizo tomar una decisión retadora: inscribirme. Qué terror. Yo, que limitaba mucho mi actividad física, estaría pagando la mensualidad de un gimnasio al que tendría que ir sí o sí.

Al principio me costaba. Me daba pena. Tuve que salirme de mi zona de confort, para poder ser constante y no fue fácil… De hecho, todavía (después de casi seis meses yendo) estoy aprendiendo a usar las máquinas, a levantar pesas, a contar bien las repeticiones de cada ejercicio, a establecer rutinas.

De pronto, me di a la tarea de probar todas las clases: spinning, estiramiento, TRX, funcionales, baile, yoga. Unas me gustaron más que otras, claro. Pero, para mí, no hay nada en este mundo como el Training Bike. Una disciplina del ciclismo estacionario, en el que pedaleas suspendido (sin sentarte), llevando siempre el ritmo de la música. Es lo máximo en el universo.

Cuando el/la instructor(a) dice “pie derecho adelante”, se apagan las luces, arranca la canción y pedaleo por primera vez, siento cómo se me va erizando la piel, el corazón se me acelera (por el ejercicio, obvio… pero también por la emoción), me río sola y grito feliz.

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Eso que se ve ahí es el manubrio de la bici que más me gusta usar, el agua para mantenerme hidratada durante la clase y una toallita porque el sudor es bárbaro.

Cuando empecé no llevaba el ritmo, no entendía las indicaciones, tenía que sentarme muchas veces, porque me cansaba demasiado. Ahora, siento que puedo participar en el Tour de Francia (jajajaja #not). Ese amor empezó gracias a Daniela Alfonzo, la primera instructora que me dio clases y quien se pone triste cuando falto.

(Dani, eres el rock).

Es que vivir al lado de un centro comercial (el Plaza La Boyera) tiene muchas cosas buenas. Una de ellas es que tengo el gimnasio aquí pegado, lo que me ayudó a crear el hábito. La otra, es que soy una de las primeras en enterarse cuando abre un nuevo local. Y como no todo es ejercicio y lechuga en la vida, me alegré cuando supe que unos de los locales vacíos sería una tienda de donas. Desde ese día (que puede haber sido hace unos tres o cuatro meses), me la pasé asomándome a ver cómo iban los avances. Hasta que por fin sucedió.

El lugar se llama Dot Donut y es precioso. Una gran marquesina de una dona azul turquesa, con pepitas de colores se enciende en la vitrina principal y adentro ya se dejan ver las variedades que ofrecen (que además, siempre se agotan).

Hace unos días fui, porque a veces, después de almorzar no cae mal un dulcito. Además, siempre es una buena excusa para hacer una pausa y salir de la casa, a pesar de la cantidad de entregas que tenía para ese día.

Ya sé lo que estás pensando. Seguro crees que las pedí de chocolate, pero te equivocaste. En esta nota de salirme de mi zona de confort, elegí la que se llama igual que la tienda “Dot Donut” y la “Pie De Limón”. Si te fijas, la forma de las donas es bien particular, porque en lugar de ser circulares, son hexagonales. Eso me gustó, porque estamos en la misma onda de romper paradigmas.

Esta es la “Dot Donut”:

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            Tal y como la marquesina de la entrada, un brillante glaseado azul turquesa baña la esponjosa dona. Y una lluvia de colores la adorna, como un lindo festival. Como si se tratara de un parque infantil, pero para tu panza.

            Y esta es la “Pie De Limón”:

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            El toque cítrico es maravilloso. Y el merengue es perfecto.

            El secreto de una buena dona, claro está, es la masa. Esta es divina, porque tiene el dulzor propio de la dona y su toque saldado. Pero también tiene como un dejo al más delicioso y fino pan. Son suaves. Parecen unas nubes.

Las pedí para llevar y me las traje con el firme objetivo de seguir escribiendo. La luz de la tarde iluminaba todos los rincones de la casa y hacía brillar los glaseados de las donas. Al morder la primera, entendí que era mejor dejar el teclado a un lado, hacerme un té y disfrutar de mi merienda escuchando buena música, acompañada de mi soledad.

            Cuando las donas se terminaron, seguí trabajando contenta, enamorada de mí y lo más concentrada que pude, para terminar justo a la hora de mi clase de Training Bike.

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            Así es como me quiero y me quiero mucho. Me consiento. Me acuerdo de que soy yo, de que existo y me regalo espacios que son solo míos.

            Esta es una ciudad perfecta para que te enamores de ti mismo. Solo tienes que buscar esos lugares, esos sabores, esos colores, esos momentos que te sacan una sonrisa o te roban el corazón. Verás que de pronto ya no estarás solo. Estarás contigo y en la mejor compañía. En compañía de Caracas.

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@paularussap