Aquí se puede empezar el 2018 con buen pié

¿Alguna vez he dicho que mi familia es de Mérida? Creo que no, pero en todo caso es muy importante mencionarlo acá porque es allí donde casi siempre celebramos la Navidad y el Año Nuevo.

Esta vez nos fuimos todos. Era la primera vez que Sergio y Raúl conocerían el lugar donde mi hermana y yo crecimos y estábamos muy emocionados.

Hicimos de todo y comimos de todo: hamburguesas en La Viñita, pizzas en el Hotel Belensate, tintos de verano de vino de mora en 5101, calentaítos en La Culata, carne de Santa Bárbara y todos sus juguetes en La Viña (de la misma gente de La Viñita), vino de mora en el Bosque de Pinos, vino de mora en Mucuchíes, vino de mora y fiambres en la Laguna de Mucubají, mazorcas en el pico El Águila. Buche de los siete granos, pisca, trucha y arepas de harina en Mifafí, carne en vara con todos sus juguetes en Tía Mila, birras heladas en la Taberna de Eugenio y en La Botana, pasteles en La Parroquia, helados en el centro comercial El Rodeo, churros con chocolate y dulce de leche en el centro comercial Milenium, empanadas en el centro. También fuimos al observatorio, la capilla de piedras de San Rafael de Mucuchíes construida a mano, piedra a piedra, por Juan Félix Sánchez, el parque Las Heroínas, la Plaza Bolívar, el Mercado Principal y un montón de otros sitios que ya casi ni puedo recordarlos.

Y, además, en la casa nos hicieron choripanes, pizzas, hallacas, sancocho, pastel de pollo, ensalada de gallina, torta negra, torta de chocolate y naranja, ponche crema, pan de jamón, lomo de cochino, ensalada diplomática, risotto de champiñones y de todo. Una locura.

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Todo esto porque contamos con el mejor guía turístico y mi amigo de la infancia Oswaldo, mi adorado primo, o mejor dicho hermano Carlos, mi bella tía Mañeña (sobrenombre que viene de María Eugenia) y la señora Colombia, quienes nos carretearon para arriba y para abajo, para que los muchachos conocieran la mayor cantidad de lugares posibles y nosotras pudiéramos verles las caras de asombro y felicidad en cada uno de ellos. Quienes, con hospitalidad y generosidad, nos prestaron sus casas para darle hospedaje a todo este gentío. Y quienes nos complacieron cuanto antojo se nos ocurrían. Gracias tía Mañeña, Carli, Oswal, tía Colombia. Ustedes hicieron que este viaje fuera turismo de montaña, turismo de ciudad y turismo gastronómico.

Fueron unas vacaciones espectaculares. Pero así como tardaron todo un año en llegar, se fueron en un segundo. Todo lo bueno es así, se hace esperar hasta la desesperación y después vuela.

En Mérida recibimos el 2018 y con el año nuevo vinieron los propósitos que siempre hago y esta vez era inminente, después de tantos desastres, que retomara mi alimentación sana, esa que Doucky (@agreenunicorn) con tanto esfuerzo me ha venido enseñando. Pero vamos a estar claros, cuando uno llega a la casa con las maletas, te consigues con una nevera vacía y con cero ganas de hacer mercado y mucho menos de cocinar, la única opción es salir a comer algo.

A mí solo se me ocurría pedir pizzas o salir a buscarlas por aquí en El Hatillo. Menos mal que a Raúl se le ocurrió un sitio donde se puede comer rico y empezar a llevar a cabo mi propósito: El Parador de Caurimare.

Para allá nos fuimos con nuestro guayabo post Mérida a empezar el 2018 comiendo sanito.

Pedimos una guasacaca, porque el aguacate es lo mejor que puede haber en una mesa, en la que los comensales están a punto de pedir carne y pollo.

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Raúl pidió un plato que trae solomo, yuca y una ensalada mixta divina.

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Fer pidió la ensalada César.

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Yo la ensalada Capresa.

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Y, para compartir, pedimos la espetada de pollo.

El almuerzo estuvo delicioso y muy sanito.

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La atención es maravillosa allí. Si quieres una experiencia más de parrilla puedes quedarte en el salón principal, pero si lo tuyo es el aire acondicionado (como yo) hay una salita al fondo donde pasarás un rato muy agradable y comerás de forma saludable sin ni siquiera darte cuenta.

El viaje a Mérida fue corto y todavía nos estamos recuperando, pero lo lindo es que siempre, al regresar, encontrarás lugares donde podrás recobrar el ánimo y empezar con buen pie un año nuevo en Caracas.

GLOSARIO MERIDEÑO:

Arepa de harina: es lo que los caraqueños llaman “arepa andina”, solo que en Mérida no le decimos así. Quizás puede parecer raro, ya que todas las arepas que conocemos se hacen con harina (de trigo o de maíz), pero así se llaman allá y así es como yo, una niña de madre merideña, le dice.

Buche de los siete granos: trago típico de Mifafí. Es una mezcla de trigo, cebada, arroz, arvejón, frijoles, maíz y habas. Todos estos granos son tostados, molidos, cernidos y mezclados con leche, canela, azúcar y miche. O sea, una bomba, que además de ser muy rica, es perfecta para el frío. Mi recomendación: tómate solo uno.

Calentaíto o calentao: es una bebida a base de papelón quemado y aguardiente de caña hervido. A esa mezcla se le agregan hierbas aromáticas que crecen en la montaña como lo son el díctamo real, la zarzaparrilla, el frailejón, el hinojo, entre otras. Lo sirven calientico y también es ideal para el frío del páramo. Sin que me quede nada por dentro, es nuestra versión del Jägermeister.

Pisca: sopita a base de papas, leche, queso y cilantro. La de Mifafí es buena, pero la de mi abuela era la mejor.

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@paularussap